Historia Turmix

A principios del s. XX se inventó en Estados Unidos un artilugio que lograba triturar alimentos. Un motor hacía mover unas cuchillas en forma de aspa colocadas en el interior de un vaso de cristal. Pero fue en los años 50, al finalizar la II Guerra Mundial, cuando se produjo la revolución de este tipo de electrodomésticos y se popularizó su uso.

Más tarde, surgió una variante de este sistema que consistió en situar las cuchillas al final de un eje que, escondido dentro de un tubo, conectaba con el motor que las hacía mover. Esta variante, que permitía triturar dentro de un recipiente e incluso dentro de una olla, triunfó con mayor fuerza en Europa.

En España, este invento proliferó a partir de los años 70 de la mano de Turmix. Dadas las circunstancias económicas, políticas y sociales que se vivían en aquellos años, Turmix supuso mucho más que la incorporación de unas cuchillas unidas a un motor mediante un eje.  Eran años donde la libertad incipiente, la esperanza, la ilusión y las ganas de progresar estaban presentes en las familias y en la sociedad en general. Turmix entró en los hogares, facilitando algunas de las labores más costosas y cansadas que un ama de casa podía hacer, a la vez que permitía aprovechar mejor los alimentos.

Turmix se utilizaba con satisfacción a todas horas en miles y miles de cocinas. Seguramente ayudando a preparar comidas familiares en las que, con impaciencia, se contaban los meses que faltaban para recibir el primer 600.

Con los años, aparecieron otros productos que acabaron de popularizar el invento, pero todo el mundo se refería a la batidora de mano como “túrmix”, hasta el punto que en los años 80 la Real Academia de la lengua introdujo el término en el diccionario con la siguiente definición: “túrmix: batidora eléctrica”.

Es tal el grado de conexión entre Turmix y la sociedad española, que se empezó a utilizar dicha palabra como sinónimo de mezcla.  Son centenares los ejemplos que podemos encontrar en los que se utiliza la palabra de modo coloquial cuando se quiere explicar que se está produciendo una intensa mezcla de ideas, de culturas, de valores, tecnologías o acontecimientos.

Turmix ha llegado a ser tratado en ocasiones como objeto de culto. Un buen ejemplo fue la exposición en la que el diseñador Javier Mariscal reunió 50 objetos cotidianos que cambiaron nuestras vidas.

Por todo ello, es un orgullo y una responsabilidad conseguir que esta legendaria marca, siga haciendo la vida más fácil a las personas y a las familias. Incorporando la última tecnología, pero manteniendo los valores de siempre. Los valores que nos han permitido llegar hasta aquí.